sábado, 13 de diciembre de 2008

Un buen recuerdo de este año: Liliana publica Los jardines de Salomón

Y, para celebrarlo, aquí les dejo el texto que se leyó en el bautizo del libro, junto con los otros ganadores de la Bienal José Antonio Ramos Sucre 2007, en la casa del poeta.
Buenas noches.

Muchos de nosotros hemos venido a celebrar esta noche la publicación, que es como decir el nacimiento, del libro de cuentos Los jardines de Salomón, libro ganador de la Bienal José Antonio Ramos Sucre, publicado por la Dirección de Cultura de la Universidad de Oriente, escrito por Liliana Lara, autora maturinesa y cumanesa a partes iguales. Sin embargo, para muchos de los que hoy estamos aquí, este acontecimiento feliz que es el don de un libro tiene un matiz, si se quiere, más íntimo. Y es que venimos a celebrar a una amiga y a una hermana. Venimos porque nos sentimos contentos de que Liliana Lara, esa mujer que hoy nos regala este libro, se haga presente con su palabra y nos permita la ilusión, una vez más, de llenar nuestras almas con la generosa y querida gracia de su vida, de su sola existencia al otro lado del mundo, en Israel.
El puente de esa magia es este libro: un libro de historias del mundo, de historias de gentes, y de cómo las cosas del mundo pueden convertirse en una metáfora de la vida, o en una parodia, o en una estafa. Pero sobre todo este libro es la necesidad de contar esas historias. O como diría el muy amado por la autora, Ricardo Piglia, la pasión pura del relato.
Es difícil valorar un libro, y lo es mucho más cuando el autor nos toca de cerca. Podemos dar datos, podemos describir y reseñar, pero más difícil es dar cuenta de cómo nos metemos en las palabras: hablar desde el amor que se puede sentir por las cosas extraordinarias, y Los jardines de Salomón es un libro de cuentos extraordinario. Daremos datos, entonces, y tal vez se puedan vislumbrar, oblicuamente, las cosas importantes.
Los jardines de Salomón está conformado por siete relatos, de los cuales el último da nombre al libro.
El primero, “El dólar”, se ambienta fundamentalmente en Cumaná, en la zona de Puerto Sucre, y teje su intriga alrededor de un mito relacionado con la figura del escritor norteamericano Ernest Hemingway, y es, como el escalofriante cuento ambientado en Maturin, “El perro de Nina Hagen”, un relato sobre el descubrimiento de las verdades (con mayúsculas) de la vida, con sus dosis variables de fracasos y amarguras y absurdos. También son relatos irónicos sobre los más acerbos e inevitables fraudes de la existencia.
“El perro de Nina Hagen” comparte algunas relaciones de vecindad temática, pero no de perspectiva, con el relato “Endorfinas”. No se trata aquí, en ningún modo, de la mirada infantil, aunque si inocente de un poder terrible. No se desarrolla en Maturín, sino en Caracas, pero, igual que “El perro de Nina Hagen”, urga con aparente distancia en la aceptación horripilante de los núcleos de la sexualidad.
Por su parte, “El-perseguidor-de-Cortázar-edición-de-bolsillo”, es un relato sobre los desencuentros del amor y los deseos y, como se puede deducir de la actuación del personaje narrador, se ceba en el absurdo destino de las cosas que se pierden.
Los cuentos “Vietnam” y “El encierro” se desarrollan en una Maturín de infancia. En ellos una voz adulta, que mira detrás de los ojos con los cuales mira una niña, escarba en las pequeñas miserias, heroicidades y tragedias de antiguos y olvidados exilados de la dictadura pérezjimenista.
Por último está el relato “Los jardines de Salomón”, el más largo de todos y, me gusta pensar, el relato que alcanza en el tiempo a la autora: se desarrolla en Israel y subvierte el juego estético del libro. Aquí se trata de una historia, contada al modo de rompecabezas, que se regodea, precisamente, en el engaño, el fraude y el robo. Y en los misteriosos caminos del amor. Núcleos de la historia convertidos en metáfora de la vida y el mundo, y, tal vez, en su esencia.
Y planeando por encima de éste y los demás relatos, la voz narrativa que ironiza, interroga, se hace cómplice, y con ella, nosotros, sus asombrados lectores. Pero lo que sostengo es apenas un juicio, una mirada. Cada uno de ustedes descubrirá la riqueza, y más, de este volumen, el prometedor primer libro de Liliana Lara.
Cierto. He hablado desde mis afectos, porque es inevitable, y aún así, creo haber sido fiel, en la medida de lo posible, a mis impresiones de lectura en este intento de valoración. Sé que la perfección no existe y, en todo caso, prefiero la fuerza, la belleza y la gracia. Todos ellos atributos que cree haber percibido este olfato de analista, desentrenado para la crítica. Y creo que en este punto me detengo. Sólo me gustaría compartir una última cosa. Es una convicción.
Ella, Liliana Lara, que llegó en los noventa persiguiendo la literatura y, al pisar la casa Ramos Sucre, cambió nuestros afectos, está ahora, en este preciso momento, muy cerca. Quiero pensar que esa misma mujer que nos escribe cartas y envía fotos de costas mediterráneas, valles antiquísimos, desiertos, ciudades movidas por el ritmo de la fe y de la guerra; ésa, que pone en nuestros oídos nombres tan hermosos como El Líbano o Ben Gurión y habla esa lengua insólita que es el hebreo, ésa Liliana, pienso, sonríe desde adentro y recuerda esta casa, estas calles y esta gente. Ahora, en este preciso instante, nos invita a que entremos en los jardines de Salomón.

Muchas gracias.
video

4 comentarios:

pachamama dijo...

Gracias Adriana por esa presentación tan bella!

Aquí estoy, a la espera de seguir leyendo buenos recuerdos!

Besos!!!!!!!!!!!!!!!!

liliana

Daniel dijo...

Animo,+5 puntos para ti.gracias por el poema.

toto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
toto dijo...

Liliana te conocí con tus niños en el CC Marina Plaza, junto a tus hijos, niños que comían cuentos y vivían en estado de verdadera fantasía. De saber que tus ojos vivieron de las mismas sabanas, montañas y el centro histórico que los míos, me habría sentado un rato más para compartir contigo. Gracias por hacerme vivir esos espacios, esos cuentos, tal vez historias... son muy buenos, salud!Antolina Martell