sábado, 27 de diciembre de 2008

BLOXDIR ME RECHAZÓ O LA LIGA DE LOS BLOGUEROS SOLITARIOS








También hubiera podido titularlo La reina del porno. Y ya explico por qué un rechazo es uno de los buenos recuerdos de este año.
Todo comenzó cuando quise retomar este blog y concluí que mi desánimo estaba ligado a eso que llaman el tráfico y empecé a inscribirlo en listas y directorios para aumentar eso que llaman la visibilidad. Pues bien, pasé mucho tiempo conectada, llenando formularios con mis coordenadas astrológicas, pasatiempos, etc. Y todo iba muy bien hasta que Bloxdir.com me asestó la puñalada, el hachazo mortal del rechazo y me permitió descubrir un montón de cosas que no sabía.
Pero vayamos al punto y partamos de las razones para que Bloxdir.com rechace la inclusión de un blog en su directorio. Cito literalmente. Es más, recorto y pego:

- Presentar contenidos ilegales
- Por tratarse de SPAM
- No tratarse de un blog.
- Contenidos para adultos, racistas, etc.
- Contenidos duplicados o baja calidad del texto con faltas de ortografia (sic) y gramaticales.
- Poca usabilidad (sic), dificultad para entender la navegacion (sic) y/o la estructura del blog.
- No tratarse de un blog en espanol (sic)
- etc.

En cuanto a la primera razón. No sé cómo lo adivinaron. Es que la tecnología hoy en día… o como decía mi abuela: “la ciencia está tan avanzada...”. Siempre he tenido un alma criminal. El misterio real es por qué no he ido a parar a la cárcel; creo que es un asunto de flojera o de falta de imaginación. Las estafas, por decir algo, requieren planes, disfraces, trucos… Pero, créanlo, en mi cabeza, vivo una vida peligrosa, miserable, inmisericorde y depravada… Fíjense, por ejemplo, que en una de las antiguas entradas incluí el dibujo de una mata de quimbombó con claras alusiones fálicas. Y hasta que Bloxdir.com no rechazó mi blog, no sabía que tenía un alma que destorcer, que la vida criminal que llevaba fuera tan activa. Pero hay más: esta mañana me vi en el espejo y me percaté de que, ciertamente, tengo mirada asesina.

En cuanto a la segunda y la tercera, me declaro culpable con cortos pero contundentes argumentos: mi blog, en realidad, es correo basura, y, siendo correo basura, es evidente que no puede ser un blog. Bloxdir.com ejecutó la maravilla de descubrirme que puedo pensar lógicamente, como usted no podrá comprobar en este post que no leerá porque ha echado mi correo a la papelera o lo ha marcado como spam.

La cuarta razón me obliga a extenderme un poco, por aquello de lo políticamente correcto. Mi abuela decía (qué sabia era mi abuela, otra que le debo a Bloxdir) que el problema racial de los venezolanos no era que despreciaran a los negros, sino que todos se creían muy blancos. Ella, por ejemplo, quería mucho al novio de mi hermana, que era negro, y siempre hablaba de él con cariño aunque no se acordara de su nombre, le decía “ese negrito”. A mí, para poner un caso extremo, me adoraba. A pesar de que, como ella me contó, blanca de nacimiento, la mala praxis de una peluquera me encrespó el pelo y el sol cumanés me bronceó demasiado. Como ven, crecí en un ambiente de tolerancia afrodescendiente que no justifica para nada el hecho de que, como bien saben los cuatro lectores fanáticos de mi blog, me haya dedicado al activismo a favor del Ku Klux Klan, Globovisión, Acción Democrática, Podemos, y todas esas instituciones racistas cuya existencia defendí en el pasado. Como bien indica Bloxdir, era hasta pornográfico mi proceder.

Pero vayamos a la sexta razón porque la quinta y la séptima deben tratarse juntas: “Poca usabilidad (sic), dificultad para entender la navegacion (sic) y/o la estructura del blog”. Lo de la usabilidad es cierto, yo siempre, incluso antes de que Bloxdir me llamara la atención sobre ello, me había quejado de la poca usabilidad de mi blog: es que, para inusable, ésta, que a veces no se usabiliza ni que le paguen. Y como inusable típica, pues, no se me da para nada la navegación. Mareo.

Con la quinta y séptima razón no hay defensa que valga. Para qué ocultarlo: ustedes saben que mi blog NO es en español y que tengo pésima ortografia en ese idioma que no hablo y, menos, escribo. Por cierto, agradezco especialmente que después de más de veinte años de estudios alguien haya tenido el detalle de señalarme que “ortografía” y "navegación" en español se escriben sin acento y que, es más, "español" se escribe sin vírgula. Y yo poniendo burradas toda la vida (ojo, profesor Silvio Orta, que es contigo), y que haya tenido que venir Bloxdir a decirme cómo se escribe.

Ya sospechaba yo que no hablaba espanol. A veces reclamaba, pongamos por ejemplo, algún cobro demás en el banco y me contestaban otra cosa. O proponía una idea que me parecía buena en el trabajo y me miraban con las cejas fruncidas. Y mis alumnos, con muy pocas excepciones, contestan los exámenes como si estuvieran rindiendo otra asignatura. Yo no entendía muchas cosas que escuchaba en las noticias, y, sobre todo, no comprendía las alocuciones gubernamentales acerca de la felicidad socialista que vivimos. Y todo porque no me daba cuenta de que no hablo espanol. Me da un poco de tristeza no hablar la lengua de Cervantes, pero agradezco infinitamente a Bloxdir haberme puesto al tanto de tan ballenesco error de usabilidad

Agradezco, en fin, a este directorio su rechazo, porque yo era apenas poco más que un animal del monte enterrando la uñada por la autopista de la información sin que nadie me explicara el etcétera, que es otra razón fundamental para que tu blog sea rechazado.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Alma pequeña




Pocos acontecimientos me han estremecido tanto este año como la muerte de Marco. No es que haya visto su cadáver, ni nada así de horrible. Marco, simplemente, no regresó a casa. Y al tercer día mi corazón supo que no lo vería más. Un punto ardiente, del tamaño de la punta de mi dedo, con la violencia sorda de las ausencias se me instaló a un costado. Ahí está, una especie de llanto de baja frecuencia. Es un gemido pequeño por una alma pequeña.
Y, sin embargo, no he podido nunca recordarlo sin ese regocijo cristalino que acompaña a los santos inocentes.
Marco fue un gato huérfano que me escogió como madre: yo lo alimenté, yo lo consolé en su orfandad dándole de mamar de los pliegues de mi mano, yo lo calenté con abrazos cuando estuvo enfermo y él durmió a mi lado y se reclinó en mi regazo. Aprendimos a hablarnos y a comprendernos y, cuando llegó la hora de decidir castrarlo, yo supe decir que no. Aunque su vida iba a ser más corta, creo que él prefirió vivirla como gato.
Marco merodea en las sombras y el maullido de todos los gatos es el maullido de Marco. Cando veo un gato dorado, digo que he visto un Marco.
Y con él he soñado.

Ya no es un gato joven y camina con su orgullo de león citadino por calles luminosas. Su pelo es oro derretido que se desliza sin ruido.

En el cielo de los gatos hay pescados y ratones.
Y, por supuesto, hay gatas.
También hay humanos que aman con un amor intenso.

Es el reino de las almas pequeñas: la potencia de toda la pena y toda la alegría.
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sábado, 13 de diciembre de 2008

Un buen recuerdo de este año: Liliana publica Los jardines de Salomón

Y, para celebrarlo, aquí les dejo el texto que se leyó en el bautizo del libro, junto con los otros ganadores de la Bienal José Antonio Ramos Sucre 2007, en la casa del poeta.
Buenas noches.

Muchos de nosotros hemos venido a celebrar esta noche la publicación, que es como decir el nacimiento, del libro de cuentos Los jardines de Salomón, libro ganador de la Bienal José Antonio Ramos Sucre, publicado por la Dirección de Cultura de la Universidad de Oriente, escrito por Liliana Lara, autora maturinesa y cumanesa a partes iguales. Sin embargo, para muchos de los que hoy estamos aquí, este acontecimiento feliz que es el don de un libro tiene un matiz, si se quiere, más íntimo. Y es que venimos a celebrar a una amiga y a una hermana. Venimos porque nos sentimos contentos de que Liliana Lara, esa mujer que hoy nos regala este libro, se haga presente con su palabra y nos permita la ilusión, una vez más, de llenar nuestras almas con la generosa y querida gracia de su vida, de su sola existencia al otro lado del mundo, en Israel.
El puente de esa magia es este libro: un libro de historias del mundo, de historias de gentes, y de cómo las cosas del mundo pueden convertirse en una metáfora de la vida, o en una parodia, o en una estafa. Pero sobre todo este libro es la necesidad de contar esas historias. O como diría el muy amado por la autora, Ricardo Piglia, la pasión pura del relato.
Es difícil valorar un libro, y lo es mucho más cuando el autor nos toca de cerca. Podemos dar datos, podemos describir y reseñar, pero más difícil es dar cuenta de cómo nos metemos en las palabras: hablar desde el amor que se puede sentir por las cosas extraordinarias, y Los jardines de Salomón es un libro de cuentos extraordinario. Daremos datos, entonces, y tal vez se puedan vislumbrar, oblicuamente, las cosas importantes.
Los jardines de Salomón está conformado por siete relatos, de los cuales el último da nombre al libro.
El primero, “El dólar”, se ambienta fundamentalmente en Cumaná, en la zona de Puerto Sucre, y teje su intriga alrededor de un mito relacionado con la figura del escritor norteamericano Ernest Hemingway, y es, como el escalofriante cuento ambientado en Maturin, “El perro de Nina Hagen”, un relato sobre el descubrimiento de las verdades (con mayúsculas) de la vida, con sus dosis variables de fracasos y amarguras y absurdos. También son relatos irónicos sobre los más acerbos e inevitables fraudes de la existencia.
“El perro de Nina Hagen” comparte algunas relaciones de vecindad temática, pero no de perspectiva, con el relato “Endorfinas”. No se trata aquí, en ningún modo, de la mirada infantil, aunque si inocente de un poder terrible. No se desarrolla en Maturín, sino en Caracas, pero, igual que “El perro de Nina Hagen”, urga con aparente distancia en la aceptación horripilante de los núcleos de la sexualidad.
Por su parte, “El-perseguidor-de-Cortázar-edición-de-bolsillo”, es un relato sobre los desencuentros del amor y los deseos y, como se puede deducir de la actuación del personaje narrador, se ceba en el absurdo destino de las cosas que se pierden.
Los cuentos “Vietnam” y “El encierro” se desarrollan en una Maturín de infancia. En ellos una voz adulta, que mira detrás de los ojos con los cuales mira una niña, escarba en las pequeñas miserias, heroicidades y tragedias de antiguos y olvidados exilados de la dictadura pérezjimenista.
Por último está el relato “Los jardines de Salomón”, el más largo de todos y, me gusta pensar, el relato que alcanza en el tiempo a la autora: se desarrolla en Israel y subvierte el juego estético del libro. Aquí se trata de una historia, contada al modo de rompecabezas, que se regodea, precisamente, en el engaño, el fraude y el robo. Y en los misteriosos caminos del amor. Núcleos de la historia convertidos en metáfora de la vida y el mundo, y, tal vez, en su esencia.
Y planeando por encima de éste y los demás relatos, la voz narrativa que ironiza, interroga, se hace cómplice, y con ella, nosotros, sus asombrados lectores. Pero lo que sostengo es apenas un juicio, una mirada. Cada uno de ustedes descubrirá la riqueza, y más, de este volumen, el prometedor primer libro de Liliana Lara.
Cierto. He hablado desde mis afectos, porque es inevitable, y aún así, creo haber sido fiel, en la medida de lo posible, a mis impresiones de lectura en este intento de valoración. Sé que la perfección no existe y, en todo caso, prefiero la fuerza, la belleza y la gracia. Todos ellos atributos que cree haber percibido este olfato de analista, desentrenado para la crítica. Y creo que en este punto me detengo. Sólo me gustaría compartir una última cosa. Es una convicción.
Ella, Liliana Lara, que llegó en los noventa persiguiendo la literatura y, al pisar la casa Ramos Sucre, cambió nuestros afectos, está ahora, en este preciso momento, muy cerca. Quiero pensar que esa misma mujer que nos escribe cartas y envía fotos de costas mediterráneas, valles antiquísimos, desiertos, ciudades movidas por el ritmo de la fe y de la guerra; ésa, que pone en nuestros oídos nombres tan hermosos como El Líbano o Ben Gurión y habla esa lengua insólita que es el hebreo, ésa Liliana, pienso, sonríe desde adentro y recuerda esta casa, estas calles y esta gente. Ahora, en este preciso instante, nos invita a que entremos en los jardines de Salomón.

Muchas gracias.

sábado, 6 de diciembre de 2008

OTRA NAVIDAD


Hasta ahora, según entiende La Mano, tres personas visitan este blog perezoso. Culpa de La Mano floja, ya parece La Mano Muerta. Bien, para esos tres lectores y para los que quieran venir (La Mano también tiene esperanza) una FELIZ NAVIDAD, y de regalo este poema anónimo que realmente alegra el alma (EN MI PAÍS ES HORA SOMBRÍA Y NOS HACE FALTA REÍRNOS DE LOS ABSURDOS). Como sea, sean muy felices este año.

UN LORO, UN MORO, UN MICO Y UN SEÑOR DE PUERTO RICO (Anónimo)

Un señor de Puerto Rico
colgó en su balcón un loro
de rica pluma y buen pico,
un loro que era un tesoro
y a su amo costó un pico.

Un vecino suyo, moro
de Tetuán recibió un mico.
Y a este mico, lo ató el moro
en su balcón ante el loro,
que así quedó frente al mico.

Tanto y tanto charla el loro,
que un día se enfada el mico,
y con la furia de un toro
lo embiste; se esconde el loro,
rompe la cadena el mico,

salta a la jaula del loro,
sale el loro, pica al mico
chilla el mico, grita el loro,
Se asoman, al ruido, el moro
y el señor de Puerto Rico.

«¿Por qué no encierra a su loro?»
«¿Por qué no ata bien su mico?»
exclaman los dos, a coro.
Y uno le echa mano al loro
y el otro tira del mico.

Cae el mico sobre el loro,
el loro le clava el pico,
los dientes rechina el mico
y, asustado, muerde al loro
y al señor de Puerto Rico.

Este reniega del loro
y jura matar al mico,
mientras furibundo, el moro,
provoca al amo del loro
y embiste al loro y al mico.

Hacia arriba vuela el loro,
se escurre hacia abajo el mico,
y, faltando al decoro,
caen, agarrados, el moro
y el señor de Puerto Rico.

«¡Ay, moro, si pierdo al loro!»,
exclama el de Puerto Rico,
y airado replica el moro:
«¡Pagará caro tu loro,
cristiano, si pierdo el mico!»

Les imita arriba, el loro,
muecas hace, abajo, el mico,
y no se sabe si el moro
es quien habla, o si es el loro,
o el señor de Puerto Rico.

Crece el trajín: vuela el loro,
y va a caer sobre el mico...
Furioso el de Puerto Rico
viendo en peligro su loro
quiere ahora matar al mico.

Le da un empujón al moro;
le dispara un tiro al mico,
yerra el tiro y mata al loro;
se desmaya; ríe el moro,
y corre en busca del mico.

Risueño regresa el moro
con el loro y con el mico:
riendo del de Puerto Rico
le envía, muerto, al loro
y una carta con el mico.

Dice: «Seis onzas de oro
por atentar contra el mico
a un cristiano reclama un moro;
guarde disecado el loro;
... pero págueme ese pico».

Viendo esto el amo del loro
se lanza furioso al mico;
mata al mico, mata al moro...
Muertos moro, mico y loro
se embarca... y ¡a Puerto Rico!